Desde la esquina de tu calle,
huele a incienso azul de tarde nublada;
y como sé que no te sirven las palabras
para mezclar con humo el néctar
de los silencios necesarios,
he tenido la ocurrencia de secuestrarte en el portal
y resguardarme contigo del chaparrón.
Afuera,
relámpagos y truenos
que resuenan a la intemperie
como susurros de tu boca.
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