En la Barceloneta todas las salamandras estaban a punto de resucitar
mientras decías que las estrellas que quedaban venían de Júpiter;
y a mí que más me daba de dónde vinieran
si a mi tu piel me sabía a almendras
y amanecer era sólo una consecuencia de la noche.
Sin mas te metiste en el agua,
y te empapaste de salitre las pestañas al salir;
puedes preguntarle a las algas
si aún se acuerdan del roce de sus tobillos.
Temblando de frío,
secándose a mi lado con los ojos transparentes,
dijo que aquella noche ya la había vivido
con otro que no se parecía mucho a mi.
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