Queda casi media hora para despegar
y escribo gracias a la tinta extraña
que brota de un Pilot rojo corroído por el tiempo.
Acabo de comprar una botella de whisky de diez años,
no sé que pinta tendrá pero no es demasiado caro,
y un cartón de Winston sin impuestos.
No sé, es raro,
tengo la sensación de haber viajado toda la vida,
todavía no hay nadie en la puerta de embarque.
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