Hoy se regalan barriles de cerveza
a todos los alcohólicos anónimos
que han conseguido dejar la bebida;
y en cada calle que piso se respiran
los antiguos excesos.
Las putas que se contonean subiendo las escaleras
que dan al quinto de aquel bloque;
me guiñan un ojo por que ya me conocen
pero no pienso picar el anzuelo.
Los camareros me saludan tras la barra,
y ya hace algún tiempo que no voy a verlos;
siempre digo: - Tengo prisa, luego me paso -,
y me escapo diciendo adiós con la mano.
Los poetas trasnochados dicen que soy un cabrón,
pero ellos siguen privando de esos vinos rancios
que yo nunca pude digerir.
Pero es viernes,
y voy a estrenar esa americana negra
a sabiendas que los crupieres pelirrojos
volverán a estar en el local.
Más les vale darme cartas buenas,
porque sino mañana se acordarán de mi
en el dentista.
Voy a jugármela,
a ver si vuelvo a estar en racha
y puedo seguir la noche tomando algo
con los camareros que me saludaron por la tarde,
escribiendo versos raros con esos que me insultan,
y dándole la bienvenida a la mañana
abrazado con la fulana del quinto del bloque.
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