Mírate,
que hoy cumples sesenta y nueve
y te llueven los ojos al vernos a todos reunidos
a pesar de las divergencias.
Y pégale un tiro a tus gaviotas
que yo dejé la hoz oxidada,
enterrada junto al martillo
para venir a verte y darte un abrazo.
Hoy sólo hay un motivo y ése eres tú,
o acaso,
¿Vas a hacerme el feo de tomarte las pastillas de la tensión
con el magnum de Tondonia que te he comprado?
Venga hombre,
no jodas, no seas cabrón y ábrelo,
que sé que es tu vino favorito.
Te remiten las arritmias,
si hasta los médicos aconsejan el tinto
en días tan señalados como éste;
ha merecido la pena venir a verte,
si hasta el tembleque de tu piel es de alegría.
La botella abierta ya está a medias
y a esa altura llegan las anécdotas
de tiempos lejanos y épocas
de cuando tenías mi edad.
Te gusta ver a la abuela
frunciendo en entrecejo y te descojonas.
Te felicito canalla,
sesenta y nueve,
y tan golfo como siempre.
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