Cualquier madrugada del sábado es válida
para llegar a casa rodando por el pasillo
y encender la tele a ver si ponen
alguna película buena en el canal local.
El pedal consiguió que me embobara
en un concurso absurdo de llamadas telefónicas.
No recuerdo cuantos miles de euros
ofrecía la presentadora del escote
al primero que dijera un nombre de mujer
que no tuviera en sus letras ninguna "a".
Y aunque no sabía los dedos que tenía en cada mano,
sí que me acordé de ti
y llamé como un idiota para ver si entraba en antena,
pero las líneas estaban ocupadas.
Imagino que como tú.
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